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Perdón, pero no creo en la magia.

No necesito que el universo conspire a mi favor, no espero a que marte retrógrado determine mi humor, no necesito un año nuevo para cerrar ciclos y ciertamente, no creo que una carta revele mi futuro. Siempre he sido muy consciente de nuestro potencial y autodeterminación, sobre todo, cuando desde el privilegio reconocemos y nos responsabilizamos de nuestras propias decisiones, decididas y pasiones.


Me he de confesar. He llegado a pecar de intolerante y soberbio al rechazar o hasta encontrar comedia en los rituales y creencias mágicas y no está bien, pero es que renunciar a la responsabilidad de agencia personal y darle más crédito a supersticiones y a fuerzas misteriosas me parece que a veces lleva a las personas a la indolencia, al conformismo y a la irresponsabilidad. Nuevos términos mágico-místicos-pachamámicos invaden nuestra cultura popular y yo no veo más que una nueva versión de la visión católica de culpa, aceptación y obediencia que tanto mal le ha hecho al mundo y en especial a México, a veces de superioridad moral o mecanismos de evasión de la realidad y la responsabilidad personal.


Aún así (perdonen mi exabrupto) intento respetar las creencias ajenas y defiendo el derecho de que cada quién crea en lo que quiera, sobre todo si esas creencias nos llevan a ser humanos más empáticos, responsables, conscientes y amorosos. Todos los caminos pueden llevar a Roma, aunque esa Roma sea la capital cristiana.


"Podré no estar de acuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo". Dijo Voltaire.


Yo tengo mis propios rituales y creencias que rayan en lo fantástico, justifico mis supersticiones con lo que creo que más se parece a la ciencia y me gusta creer que soy racional y a la vez abierto, sensible y espiritual. Así somos los humanos, contradictorios, y en eso soy más humano que cualquiera.


Creo que nuestros muertos regresan cada dos de noviembre, cruzo los dedos y mando buenas vibras cada vez que envío una cotización, tengo una pulsera roja y creo en el poder de la manifestación. ¿Quieren más? He llegado a creer en cosas aún más fantásticas como en la revolución, el socialismo, un equipo de fútbol y un par de políticos que ya pintan canas. Como dice Filio: Habrá qué creer en Cristo en la Paz o en Fidel.


En éstos últimos años he habitado lugares con un creciente número de seres místicos y sensibles a la magia, sin proponémelo he terminado rodeado de personas (en su mayoría entre sus 30´s) que buscan desesperadamente la iluminación, la apertura de consciencia y la trascendencia espiritual a través de todo tipo de rituales, algunos más improvisados que otros. Los lugares en los que habito se han poblado de personas que viven este tipo de búsqueda, algunos de forma noble y consciente y otros por moda y falta de personalidad, como sea: Valle de Bravo, San Miguel de Allende, Oaxaca. ¿Seré yo uno de ellos, maestro? 



Desde ceremonias de cacao hasta temazcales, círculos de tambores, cuencos tibetanos, kambó, hongos y otras sustancias, microdosis, sobredosis, tarot, astrología, rituales en el agua, en la tierra y en el lodo hasta abrazos multitudinarios de hombres, manifestaciones y la búsqueda interminable de la consciencia elevada y la productividad, parece que todos estamos buscando respuestas, somos una generación huérfana de creencias, rechazamos los dogmas antiguos para buscar desesperadamente adoptar unas nuevas y más brillantes, la fuente inagotable de información y estímulo a la que estamos sometidos nos está dejando cada vez más y más vacíos. Es el vacío personal que nos deja el sistema neoliberal en el que estamos inmersos (Publicado desde un iphone).


En mi camino he buscado formas de entender mi lugar en el mundo y las fuerzas que determinan mi camino y el de quienes me rodean, me he alejado de la magia para acercarme más a lo práctico y razonable y así como hay quienes me juzgan por ser pragmático y racional, creo que muchas personas “mágicas”, también llegan a subestimar y rechazar la magia de lo cotidiano, lo físico y la entropía en la que todos habitamos. Soy team Hegel.


En los últimos años he adoptado algunas ideas y filosofías que aunque no han llenado por completo mi búsqueda espiritual, si me han permitido transitar en un camino de paz y desarrollo con el que me siento sumamente contento y emocionado. En esto creo:


La evidencia y la estadística. No hay nada que me genere mayor certeza y tranquilidad que la acumulación de evidencia, la información y las mediciones. El método científico, la estadística y la documentación son una de las  principales fuentes que conforman mi sistema de creencias.


Es importante entender desde un pensamiento crítico que no toda la estadística ni la evidencia científica constituye la verdad, también ahí (o sobre todo ahí), hay sesgos, omisiones e intereses.


Estoicismo. Después de leer, estudiar y practicar distintas corrientes filosóficas, desde el budismo hasta el epicureísmo (para justificar mis excesos) encontré en el estoicismo el conocimiento, el pragmatismo y la eficacia que necesitaba en mi vida diaria. 


Desde hace unos años y usando los clásicos del estoicismo como brújula he encontrado una serie de prácticas y posturas ante la vida que me han permitido lidiar con los momentos duros, pero también a disfrutar y reconocer de los placeres, los logros y el deber. 


No veo al estoicismo como una fuente de dogma y espiritualidad, pero sí como una guía moral y emocional para llevar mi vida con libertad y congruencia.


Neurociencia y neuroplasticidad. Creo que nuestro cuerpo y la energía con la que funciona, tiene propiedades y capacidades que no hemos logrado entender, creo que en ésta falta de entendimiento reside gran cantidad de creencias metafísicas y místicas sobre el potencial de la naturaleza y el ser humano. (Con lo que no estoy de acuerdo es con atribuirle características mágicas, aleatorias y caprichosas.)


Aunque no soy muy entendido en neurociencia, paso mis ratos libres leyendo y escuchando a quienes sí saben (últimamente y con gran frecuencia al Dr. Andrew Huberman). Creo en el potencial desconocido que tenemos de moldear nuestros hábitos y nuestros procesos físicos y emocionales a través de la práctica, la disciplina y el entendimiento de nuestra construcción biológica. Este potencial puede manifestarse tanto en nuestra salud física, mental y emocional y también en la realidad en la que nos desenvolvemos. 


Los grandes hitos y “Milagros” de la humanidad han nacido de la mente y el impulso de hombres y mujeres valientes y decididos. (Actualmente in love con Marie Curie)


La fuerza.  Ese campo de energía creado por todas las cosas vivas. Es esa energía mística que permite presentir eventos, mover cosas con la mente y aumentar los reflejos, fuerza y velocidad de quienes la poseen, existen dos lados de la fuerza, el lado luminoso y el lado oscuro, aunque como todo en la vida, hay matices (Sólo los Sith piensan en absolutos). Creo en la fuerza porque soy fan de Star Wars y nada más.


Con los años, las señales evidentes del paso del tiempo se hacen presentes, poco a poco las vamos normalizando para aceptar y abrazar nuestra versión transformada. 


Creo en el cambio constante y creo que en lo que creo ahora va a cambiar, creo que voy a creer en otras cosas, probablemente más pronto de lo que creo. 


Para eso estamos en el camino, para buscar, entender, darnos calma, aceptar las respuestas que nos hagan sentido e intentar hacer lo mejor que podemos con la información que tenemos a la mano.Y como tengo aún dudas en lo que creo, creo que me voy a tomar un mezcal.



Y muy a propósito de ésta entrada, hace unos días me encontré a mí mismo escuchando Shakira a todo volumen, esas letras viejas y poderosas. Se las dejo, porque a aquellos de mi generación, creíamos que la juventud, en el amor y en una sonrisa y una mirada de cristal.


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