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Mi hermano el Che

Tuve mi época de revoltoso. Fui criado por profesores y de alguna forma, siempre fueron promotores de la justicia social de una forma u otra. Durante mi etapa de estudiante tuve encuentros profundos con comunidades zapatistas y me vi cara a cara con la dolorosa realidad de la injusticia en el campo.


A través de la canción, la palabra y el ejemplo de mi familia, siempre he creído que el servicio a los demás es un deber humano y es esto al final del día, lo que nos da propósito en la vida.




Figuras como Eduardo Galeano, Mercedes Sosa, el Sup Marcos y Salvador Allende me hablaron al oído en la edad en la que uno es más sensible a las ideas y como esponja de cocina, el corazón estaba tierno para absorber valores e ideales, el mío siempre fue y será de izquierda.


“Ser Joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta Biológica” dijo Allende y en mi no fue la excepción.


Como todo joven en búsqueda de la justicia, la figura mítica de Ernesto Guevara, siempre fue el arquetipo que sin hacerlo tan consciente, siempre quise seguir.


Con las reservas adecuadas y las distancias bien guardadas, mi vida tuvo episodios que emulaban a las aventuras de ese Che de los cuentos y las canciones.

Salí bien joven de casa a viajar y tuve encuentros profundos con las comunidades rurales e indígenas, quienes fueron maestras sobre la justicia, el esfuerzo y la esperanza. Años tarde, tuve mi “Poderosa” una moto un poco más refinada con la que ahora me muevo y recorrer algunos kilómetros a cierta velocidad.


Los ideales, la canción, las desilusiones, una boina, el tabaco y una barba incipiente me acompañaron en mis años de formación de ideales.


Pasaron los años y fui entendiendo mejor a través del oído, la lectura y los viajes cómo funcionaba la política latinoamericana. Visité la Cuba de Fidel y la Bolivia de Evo, me senté a la mesa con quienes lideraban los ideales socialistas en sudamérica. Tuve acalorados debates sobre lo que debería de ser, criticando y exigiendo resistencia desde mi privilegio. Los años me llevaron a entender que entre los ideales y el discurso y el ejercicio y la práctica hay distancias insalvables.


Durante todo este tiempo me he sentido íntimamente ligado a esa figura mítica del Che y los otros revolucionarios que encarnan más que una postura política, un ideal de la lucha humanista por una justicia que nunca sabremos si llegará. A través de libros, películas y documentales he ido uniendo las piezas que conforman la leyenda del Che para intentar reconocerlo en lo humano más que en lo mítico.


A inicios de este año me encontré con un libro que no había leído antes: Mi hermano el Che, escrito por Juan Martín Guevara, hermano del Che. Esto fue lo que encontré.



Por qué decidí leerlo:


Como he dicho antes, la figura y la leyenda del Che siempre me ha atraído y creo que lo que más me ha emocionado descubrir a través de los años son las historias de quienes lo conocieron. No somos más que aquello que dejamos en quienes amamos. Leer las historias de sus familiares y escuchar a sus compañeros de Guerra, abonan más a mi narrativa de ese personaje al que admiro, a veces con cierta precaución.



Lo más valioso:


La visión de Juan Martín Guevara, hermano del Che, parece haber sido bien depurada y procesada a través de los años. Ofrece una visión amorosa y personal de la relación con su hermano y sobre todo, de las relaciones entre su familia que sufrió por el contexto sociopolítico de su país, como tantos hermanos Argentinos y además, por ser familia del guerrillero más famoso.


Entender las emociones y los procesos de las familias es entender mejor el proceso histórico de nuestra América Latina en la voz de quien lo vivió en carne propia, aunque alejado de los tabloides.



Lo que me faltó encontrar:


A propósito, el autor intenta alejarse de suposiciones o teorías, no habla mucho de los procesos políticos internos en el grupo Revolucionario una vez tomada la Habana. Aunque el libro no se trata de eso, me hubiera encantado entender mejor las intenciones y motivaciones de Fidel y su relación con el Che. Y sobre todo, me hubiera encantado leer más sobre el mítico Camilo Cienfuegos.


Tres ideas valiosas:


  • “Déjenme decirles a pesar de parecer ridículo, que el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor. Es imposible pensar en un revolucionario auténtico sin esa cualidad (...)

  • “Queridos viejos: Estoy perfectamente. Gasté sólo dos y me quedan cinco (se refiere a sus vidas).

  • (...) Se plantea a todo joven comunista ser esencialmente humano, ser tan humano que se acerque a lo mejor de lo humano, del estudio, del ejercicio de la solidaridad continuada con el pueblo y con todos.


Cómo encontrarlo:


Lo compré en Gandhi de Coyoacán en la Ciudad de México:


https://www.gandhi.com.mx/mi-hermano-el-che


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