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IKIGAI: Mi búsqueda

Lo cito con frecuencia, y es que el discurso de Steve Jobs en Stanford me parece fascinante. Aunque no soy especialmente fanático de la marca Apple (soy Samsung Fan), reconozco su gran visión, su constante búsqueda por la eficiencia, la mejora continua y la sensibilidad de elevar la estética de las herramientas tecnológicas a otro nivel. Es importante mencionar que su mensaje lo compartió después de un desalentador diagnóstico de cáncer de páncreas. En éste discurso, siembra una sencilla pero profunda idea en los estudiantes universitarios sobre buscar nuestro trabajo amado.


“La única manera de hacer un gran trabajo es amar lo que haces. Si aún no lo has encontrado, sigue buscando. No te conformes. Como ocurre con todos los asuntos del corazón, sabrás cuando lo encuentres. (...). Así que sigue buscando hasta que lo encuentres. no te conformes”


Es imprescindible reconocer el privilegio desde donde surge éste discurso y desde donde yo lo replico.Reconozco que hay personas que por múltiples factores tienen qué ejercer un trabajo que no aman y peor aún, muchas personas no tienen acceso a un trabajo en condiciones dignas y seguras, mucho menos hablar del la búsqueda de un sentido de la autorealización. Es por esto y por otras razones que mi trabajo se enfoca en promover la justicia socioambiental, lo que permitirá a más personas vivir en la autodeterminación, el buen vivir y la equidad. 


El discurso de Steve Jobs plantea una idea seductora y contundente, una invitación a tomar riesgos y a buscar la felicidad y la búsqueda de la satisfacción personal a través del trabajo. Manteniendo la precaución de no caer en el discurso meritocrático, hemos de reconocer que para un gran número de personas, el miedo, la costumbre, las dudas y nuestro sistema que impone condiciones culturales, económicas y laborales representa una especie de grillete que impide la búsqueda de un trabajo satisfactorio.


Este mismo discurso plantea la idea de “unir los puntos” una de mis ideas favoritas que ilustran la importancia de seguir la intuición y la seguridad, más sobre esa idea aquí:  https://www.gerardoibarra.com/post/los-viajes-como-escuela


Gerardo Ibarra, especialista en turismo sostenible

No todos pueden ser artistas, emprendedores, influencers o deportistas (y no todos quieren éste tipo de trabajos) pero sí que todos tenemos el derecho a realizar un trabajo que no sólo sea un sustento económico, sino que también nos genere bienestar personal y colectivo, un trabajo que nos llene de orgullo, satisfacción, paz y sentido de pertenencia.


La búsqueda de un trabajo que nos permita satisfacer nuestras necesidades personales es un concepto relativamente nuevo, impensable por ejemplo en la edad media, cuando en la “farsa cósmica” todo mundo estaba condenado a interpretar un papel, las condiciones en las que nacíamos, determinaban nuestro trabajo y nuestra vida.


Aunque en la actualidad la movilidad social sea limitada y el contexto en donde nacemos y crecemos tenga una enorme influencia en nuestro desarrollo y calidad de vida, las reglas y límites teóricos respecto a la posibilidad de elegir nuestro camino se han ampliado considerablemente.


Tan nueva es la idea de la autorrealización y la búsqueda de la satisfacción personal, que apenas en 1942, Abraham Maslow representa gráficamente la escala de necesidades personales en una pirámide que además de ilustrativa, se ha vuelto sumamente popular.


Pirámide de Maslow

Aunque el trabajo no debería de definir a las personas, su valor y su lugar en el mundo, éste puede ser un vehículo para la autorealización, la generación de valor, el medio para encontrar propósito y sobre todo, para encontrar nuestro lugar como miembros útiles y valiosos de una comunidad o un socioecosistema. 


Existen innumerables corrientes de pensamiento, tendencias, productos y sistemas que promueven la autorealización, el éxito y la superación personal (muchas de ellas, promovidas bajo el engaño de la meritocracia, la voluntad y los casos del “self-made”), sin embargo, hay ideas y visiones que buscan promover en las personas un verdadero desarrollo humano a través de la búsqueda consciente del bienestar, el buen vivir, el ejercicio profesional y la autorrealización.


Hace unas semanas, me vi inmerso en una buena y ligera lectura sobre el Ikigai, aquel estado de balance en la cuál podemos desplegar nuestros intereses, pasiones y habilidades al servicio de un bienestar personal y colectivo.


El método Ikigai

El libro lleva por título: El Método Ikigai y fue escrito por Héctor García y Francesc Mirelles. Aunque el concepto no es nuevo para mi (y supongo que tampoco para muchos de ustedes) el libro ofrece una serie de conceptos, analogías y ejercicios prácticos para el desarrollo de habilidades que eventualmente pueden conducirnos al encuentro de nuestro Ikigai.


“Una palabra japonesa que no

tiene una traducción exacta. El ikigai es el sentido de la vida o aquello que te hace levantarte con ilusión cada día.” 



La palabra se compone uniendo iki, que significa “vida” o “estar vivo” y gai, que significa “lo que vale la pena y tiene valor”. Traducido literalmente sería, pues, “aquello por lo que vale la pena vivir”. Según los japoneses, todos albergamos un ikigai, o incluso varios, en nuestro interior, aunque aún no lo sepamos.


El ikigai es una búsqueda constante y aunque hay quienes lo encuentran siendo muy jóvenes, para otros implica una búsqueda de vida. De hecho, para algunos, la búsqueda del mismo constituye ya un ikigai, qué maravillosa debe de ser la búsqueda constante de la pasión. 


En mi caso, no estoy completamente seguro de haberlo encontrado, también considero que las ambiciones, gustos y habilidades cambian con el tiempo. Sin embargo, de lo que sí estoy seguro es de estar en el camino correcto, ejerciendo mi pasión y mis habilidades en áreas y ámbitos en los que creo, mi camino ha estado minado de impactos positivos para mi y para los demás y aunque constantemente busco las formas, creo que estoy en el fondo adecuado. Yo no tengo fórmulas, ni recetas mágicas, pero creo que aquellos que se exponen a las experiencias, son más propensos al encuentro con la pasión.


El Ikigai se ha representado de forma muy ilustrativa con un bello y claro diagrama de Venn. De entre muchos que se pueden encontrar en línea, el que se presenta en el libro, me parece uno de los más potentes que he encontrado.


El método Ikigai

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